Higurashi no naku koro ni: agonía en las manos

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Imagen propiedad de Studio Deen
 

Distante. Paseo interminable bajo paisajes polares, bajo un manto de lluviia ácida. Esperar pacientemente. No resbala, se desliza. Cerrar los ojos con la boca. Las sombras tocan la superficie. Viajar veloz por el cerebro. Extraña calma. La sinfonía del silencio avanza. Parafonías en el éter.

Búsqueda mental. Jadear. Limpiarse la cara. Gimotear como un niño. Rescatado del mar en calma. Susurrar palabras que no importan. Sortilegios, exorcismos… ya no es necesario predicar. Pánico en penumbra corta respiraciones que se apagan pacientemente. Cortafuegos ventriculares. Agonía en las manos.

Mil quilómetros no marchitan el pálido semblante anacrónico de su rostro. Pulso. Peonzas ladran contra el suelo. Golpes. Girar la cabeza. Istriónica sonrisa. Multitud expectante. El poder de los violines psicóticos ha vuelto.

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Charla sobre Dragon Ball e o cine

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Este sábado día 23 dende 20:00h as 22:00h terá lugar a miña próxima charla englobada nas actividades de Nocturnia, en A Coruña.

A conferencia, que terá lugar no Espazo de Iniciativas Xuvenís. Rúa Matadero 68, Bj., leva por nome: “Dragon Ball: o cine e as súas influencias”, será unha viaxe a través das influencias cinematográficas do manga e do anime Dragon Ball, un percorrido apasixoante no que o cine fantástico e ciencia ficción cobra vital importancia para descubrir secretos da historia xaponesa máis popular. A través de películas tan icónicas coma Mad Max, Dune, Terminator, Metropolis, Gozilla ou  Superman, coñeceremos as conexións que existen entre estes filmes clásicos e o manga e anime más coñecido e iconico .

Se queredes asistir e tedes entre 12 e 30 anos, podedes facelo inscibíndoos neste enlace que vos deixo a continuación.

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De  seguro será unha maneira diferente e bonita de achegarse e coñecer unha das historias máis épicas do comic dos últimos 30 anos.

 

 

 

 

 

Metropolis: zumbidos eléctricos

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Imagen propiedad del Estudio Madhouse

Zigurat. Zumbidos eléctricos. Se escuchan voces sin brillo. Frío silencio. Villano de nariz aguileña sonríe al caer el Sol. Densas nebulosas corroen mil recovecos de la ciudad. Fingiendo ser un espectro. Sibilino. Tomarse ante lo inevitable. Gotas en el aire arrancan golpes. La lluvia inunda zapatos. Oír el crujir de lo pies. Rostro febril. El mercurio roza su piel.

Dibuja telarañas en la arena. Desde los balcones se pueden ver palabras que decoran los papeles. Advertencias de color amarillo. Grita: ¡ven a mi!. Si alguna vez brillaste dentro de tu fluorescencia renegarás de tu piel, dibujarás crucifijos de neón. Recordando su paso por la inocencia. Obligada a mirar más allá del mar, más allá del los confines del aviador. Nadadora de pantanos. Arquitecta de veranos perdidos. Al otro lado, el vigía desde el la torre más alta se pierde para siempre entre canciones gospel y mentiras que golpean el corazón.

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Buenas noches, Punpun

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Imagen propiedad de Inio Asano

Oler y visitar sueños. Tamizar escombros. Bandadas de voces. Mordiscos de realidad. Drenar murmullos. Silenciar colores. Felicidad. Aplaudir una calma ficticia. Lunes distantes. Escudriñar torres invisibles. Inverosímil crueldad astrológica. Teatros infinitos. Redefinir. Ampliar. Reducción. Carcajadas públicas. Golpecitos en la nariz. Aún quedan silencios entre las flechas embelesadas. Realidades separadas. Vino para el borracho dios redentor. Olmos melancólicos. Hojas de laurel. Baladas de primavera. Rabiosas y mágicas caricias. Caleidoscópico príncipe sin alma. Mirada perdida, Atascos de papel. Órbitas concéntricas. Blanco. Negro. Abrir cortinas de hielo. Adiestras azules intensos en secreto. Dibujar mares de ansiedad. Gestos vulnerables. Crudos y ácidos claroscuros. Nombres pequeños. Espectadores urbanos. Balancearse entre ojo y ojo. Serpentea la luz como la húmeda soja.  Mar picado. Somnolencia. Rayos y centellas. Filtrar líneas rectas entre invisibles prismas.

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Natsu no Sora: magia y libertad

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Imagen propiedad de J.C.Staff

Un fugaz tintineo absorbe una explosión gamma. Una interminable espiral de suaves murmullos se agolpan en las manos cálidas mientras un palacio de rocas polares hielan las paredes. Sobre las coloradas mejillas caen pequeñas virutas de aguanieve. Un nuevo despertar se asoma bajo los risueños ojos almendrados. Como un náufrago en medio de un océano, perdida en la espumosa claridad del mediodía, cambia su lánguida expresión y emulando a Antoine Doinel corre hacia la playa en busca de su último reducto de libertad. Sabe que nada volverá a ser lo mismo. La energía que acumula en su interior comienza a brotar y antes de salir a borbotones de sus manos nota como luces de colores: rojas, verdes, blancas se van almizclando al son de un una música de arcordeón. Una mecanografía mental de todo lo aprendido. Una fuerza eléctrica como un cohete sobrevuela el horizonte de su psique y atrae levemente hacia su corazón desconocidas partículas magnéticas.

Un huésped sin rostro ya se escapa; cuerpo y alma se dirigen a través del espacio-tiempo hacia el saber absoluto. Sin rencores, esboza una tímida sonrisa y comprende que ella y el gran sueño de la vida son uno sólo. Todo depende de su voluntad. Las luces de colores, los recuerdos, los planetas errantes que giran sobre su dedo, la opresión en su pecho cuando cruza una mirada, un beso robado y fugaz, una lágrima que se desintegra en mil pedazos… Liberarse de las imágenes. Debe sentir. Sólo así, la magia se hará realidad.

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La princesa Kaguya: luz de luna

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Imagen propiedad de Studio Ghibli

Soplos de tiempo.  Inviernos bocabajo. Vuelan cometas. Cielos verdosos. Jardines de cristal. Brillantes halos. Estrellas caleidoscópicas. Sonreir al estallar. Salto mortal. Fronteras lunares. Manto de lluvia ácida. No resbala, se desliza. Sombras tocan la superficie. Búsqueda mental. Jadear. Falsos paisajes. Nómadas intrépidos. Música olor incienso.

Silbar al aire. Interminable espiral. Cálidas manos. Rocas polares. Risueños ojos almendrados. Espumosa claridad del mediodía. Planetas errantes orbitan sobre su dedo. Desconocido mundo inferior. Paisajes atávicos. Jaula de bambú. Leves vibraciones. Subterráneo ser. Equilibrio. Pesadillas. Felicidad.

Balas de luz. Somnolienta aventura. Mente etérea. Quebrar el patrón. Miradas disfrazadas. La sociedad con cara de limón. Perseguir tardes de Abril. Traducir imágenes borradas. Sueños de noches inventadas. Volteretas entre reflejos. Máscaras de carne. Colores rotos. Movimientos fugaces. Huidiza exhalación color pastel.

Espumosa y eléctrica atracción. Destellos. Corazones acorazados. Mapas incorrectos. Hojas amarillas. Flores azules. Largos puentes lunares. Dominar realidades. Evitar el tiempo. Fogatas en el cielo. El pasado llega a galope. Domesticar sueños. Beso de primavera. El Universo en sus cabellos. Rebasar el Sol color cyan. Emergen arrugas en la agitada cama. Cerúlea luna. Argénteo y cegador blanco. Opacas gotas de lluvia. Transpirar sofocantes locuras. Pintar altos castillos con tiza color azul. Vuelos nocturnos. Dibujar muertes terrenales. Contemplar el silencio. Epacios infinitos.

Blue: lesbianismo y amour fou

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Imagen propiedad de Kiriko Nananan

La hipermodernidad… donde el individuo es más consciente que nunca de los males ajenos, pero también se convierte en un ser mucho más frágil e inseguro. La vida como un producto más del mercado. La inmediatez del “yo” y la falsa sensación de felicidad en donde todo tiene una fecha límite. Nuestras ideas, nuestra percepción de la realidad, nuestro comportamiento social; a quien debemos amar y como, las inclinaciones sexuales… todo se rige por una fecha de caducidad y durante ese período no hay margen de error. La supresión del derecho a la equivocación. Y vuelta a empezar. Un bucle asesino que nos insensibiliza a plena luz del día, mientras estamos lúcidos.

Una de las desventajas de quien vive una época concreta es que no se da cuenta de aquello que está desapareciendo; aquellas pequeñas obsesiones que nos convierten a partes iguales en seres racionales e irracionales. El constante desasosiego que sentimos al no saber en qué nos convertiremos. Y de nuevo esas pequeñas o grandes obsesiones que rondan nuestra cabeza y no nos dejan ver con claridad.

Vivimos en un mundo monocromo, en el que de vez en cuando oteamos a lo lejos tonos azules. En contadas ocasiones llegan esos microinstantes de felicidad que solo percibimos una vez han pasado. Los colores de la alegría están tan muertos que solo nos acordamos de ellos una vez han desaparecido para siempre. Estamos atrapados en una gama infinita de azules.

El mundo conectado absorbe nuestros pensamientos y nuestra intimidad. Aquello que es únicamente nuestro es saboteado en pos de lo políticamente correcto. Tener una inclinación no heterosexual sigue siendo un riesgo.

En “Blue” de Kiriko Nananan, intuímos una sociedad plagada de tabúes. Un sistema social enfermo que se enfrenta al individuo, lo discrimina y lo induce a la más absoluta clandestinidad por el hecho de tener una condición sexual diferente. Mujeres que eligen a otras mujeres de forma consciente o no consciente y son mostradas en plaza pública como raras, extravagantes, invertidas, pérfidas… una amenaza para una sociedad preestablecida y plagada de absurdas normas corporativas creadas para el sustento de la supremacía patriarcal.

La protagonista del manga, con esa fuerza vital de quien comienza a descubrir el amor por otra persona, se autodestruye, inmiscuída en una obsesión que la llevará al delirio. Un “amour fou” fatal y humillante pero necesario a pesar de todo. Consciente del abrumador sentimiento desquiciado. Henchida de felicidad por un amor que nunca será bueno para ella.

Bajo un manto azul claro contempla los gorriones atravesando el sonido. Mil escobas dictarán sentencia en su cabeza. En el fondo sabe que su fatal mal de amor, es una de las consecuencias de ser otra anónima más que la sociedad obliga a ocultar sus sentimientos y la perpetúa a no saborear las texturas del despertar sexual con calma y transparencia. Se encuentran a un codo de distancia y están tan lejos…

En ese instante, las palabras pesan y agotan. Los equilibrios imposibles conducen hacia corazones congelados. Despejar el polvo de los ojos cada vez se hace cada vez más difícil. La razón, piensa ella… es tan opaca como su paciencia. La noche interior le grita, le exige dormir. Desplomada y abatida, hundida bajo espesas lunas flotantes… incluso así, incluso desde su corazón, debe conocer el nivel del mar. Peligros, trampas. Fragmentos de pupilas vidriosas señalando monocromos puntos distantes. El Sol…  confetis de hormigón bajo sus pies. Se siente atrapada en una caja e intuye las flores de su pelo. Necesita hablar como si los sentidos fuesen sonido y materia. Necesita modificar las estructuras, hacerlas tambalear. Berrinche y quebrantos.  Trampas prefabricadas al final del día… al final de la escapada.

La realidad de un reflejo permanece bajo el antiguo cielo violáceo y surca la última y extraña sonrisa de mundo. No hay besos entre las amantes lúcidas.

Paprika: efecto dominó

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Imagen propiedad de Satoshi Kon y Sdudio Madhouse

Sudores fríos. Manos sudando. Colores infinitos. Estrellas rasgan la bóveda. Impacto. Dolor. Viento, arena. Velocidades extremas. Campos de atracción. Inventar cuentos. Nuevos colores estallan. Formar estelas amalgamadas. Dividir prismas triangulares. Nubes dibujando sonrisas de sal. Efecto dominó. Comienza la marcha atrás. Alpinista sideral. Aviones en el suelo. Una máquina añade ruido al color. Bombillas encendidas. Descubrir la felicidad. Cerrar los ojos color champán. Explorar planetas

Lluvia de flores. Relámpagos. Volar cometas. Cesa la tempestad. Evitar la ingravidez. Satélite en el cielo. Corrientes eléctricas. Psicópatas asesinas. Vuelta a la realidad. Fantasmas como rehenes.

Metamorfosis. Seres gravitando entre cerezas. Chiflados mercenarios prometen hazañas imposibles. Verdes esferas silenciosas. Flirtear en campos amarillos. Trompetas saludan. Confetis olor limón. Ojos saltarines. Mareas blancas. Espumosa y granulada; viscosa realidad. Fantástico viaje. Cloacas de los sueños. Recuerdos de principiante. Dorados y naranjas dudan de su integridad.

Artríticas manos alcanzan el sexto sentido. Chispas marginadas elaboran planes. Inciertos futuros. Herederos de mundos. Indomables esperan impacientes. Derrotados. Dictadores se desvanecen. Fulminados. Caer imaginando nubes salvajes. fortaleza digital. Aniquilar. Plomizos azules. Manos pétreas. Apagón.

Kuchuu Buranko: la sociedad es la culpable

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Imagen propiedad de Fuji Television

Una y otra vez ve plumas de colores revoloteando sobre su cabeza; rozando levemente una mente desenfocada. Mente que sin saberlo viajan a gran velocidad sobre una autopista pintada de lunares verdes y rojos. La confusión  no le deja ver a aquello que tiene ante sus ojos, que parecen cubiertos por una oscura pátina y caen a un vacío que se abre en el primer borrón amarillo que encuentran a su paso.

Obsesiones, delirios absurdos…. Un cóctel molotov de sensaciones extrañas recorren el gaznate. Sumido en un mundo en el que el resto de individuos ni siquiera son espectadores. Invisible al ojo humano, es un pálido fantasma murmurando. Habla sin ser escuchado. Su voz en el éter, perdida para siempre.

En un lisérgico baile de colores se adentra en un caótico mundo. Introduce el dedo en la herida. Lo mueve de un lado a otro buscando una solución. Surgen entonces los retortijones y los mareos; una calma sumamente brutal que le deja en estado orgásmico.

Muecas. Avanza a hurtadillas hacia una ventisca de fuegos artificiales. Desorientado y letárgico, obedece órdenes mudas, vacías. Garabatea con los ojos cerrados. Dientes sudorosos y depresión. Sugestionado, lanza de forma abrupta gritos a las estrellas. Por un instante recuerda que está más vivo que un árbol. Claridad interior. Brotando de su pecho, corazones de hojalata se estrellan en viejos telones de cine. Desesperada carrera hacia el séptimo subplano. Miradas extrañas y contrapicados silenciosos.

Habitaciones acolchadas, pasillos interminables. Una puerta sin retorno llena de chispas y cambios. Drácula de medianoche roba esperanzas y rompe cristales. Misántropo, introvertido alcahuete busca víctimas. Aislado y arrinconado encuentra una flecha roja. Estallar de júbilo y danzar caóticamente en la cama. Encontrar la imagen líquida de un rostro. Tragicómica anarquía. Perplejo, el revolucionario cambia sábanas por humo.

Kuchuu Buranko abre en canal y analiza la realidad de la sociedad japonesa a través de las diferentes patologías que circulan en esta peculiar serie de animación. Nos enseña una sociedad en el que el individuo amable y sumiso se convierte en animal urbano que se da cuenta de los síntomas de una enfermedad que desconoce pero que ya es parte de su forma de pensar y actuar. Erradicar la enfermedad lo llevará a situaciones límite, llevando a cabo actos absurdos e irracionales en muchos casos. Lo que para ellos es un mundo surrealista no es más que una alteración de la realidad provocada por sus temores. El psiquiatra con su discurso provoca una reacción en cadena y  simplemente deja que las emociones fluyan y comiencen a sentirse vivos de nuevo.

Quizás el problema sea la sociedad en la que vivimos. Esa sociedad que nos bombardea con necesidades y consigue que estemos en un estado de alerta y de constante tensión por ser los únicos o los primeros que tienen “X” producto o ver “X” película. Probablemente para muchos ser uno mismo consiste en formar parte de un ente mucho mayor, pertenecer a un todo interconectado en el que las opiniones propias y las reflexiones son  de otros. ¿Y si ser uno mismo fuese una utopía para una parte de la sociedad? Kuchuu Buranko nos hace reflexionar, sobre, si nuestro mundo conectado, es el origen de determinadas fobias y patologías y si podremos encontrar algún día un equilibrio entre las exigencias de una realidad que construyen para nosotros y la realidad que nosotros queremos y deseamos.